Arena indeleble

Supiste vivir tu cuarto con una sonrisa, ésa que siempre estaba disponible. Y ahora te la has llevado, y contigo la de tantos que querrían escribir una y mil vidas a tu lado. Y un pedacito de la de quienes pudimos componer algún verso entre las paredes que Cervantes nunca visitó y de aquellos rincones donde los grados hacían que cambiáramos el nombre de la entrada. 

Sé que esa risa inconfundible jamás quiso abandonar y que tus ganas nunca llegaron a rendirse. Que siempre que vea aquella tortuga recordaré que un día la hiciste sonar y que ahora que es tarde pienso cuánto tiempo hace que no veo tus manos. Pero estoy segura de algo, y es de que aunque el mar devore cualquier rastro en la arena, en Túnez hay una huella que ni la más poderosa ola se podrá llevar. 

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