Cuando nace una mañana - o la noche que nunca vuelve -

El sol se cuela entre las rendijas sin llamar. Los rayos tímidos acarician las cortinas y llegan a nuestra piel recordándonos que la noche no es eterna; la luna no trabaja veinticuatro horas, llegó su hora de descansar. Comenzaron ya a respirar los minutos de este diecisiete único.


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